Esquí de fondo 2017. Campo, El Run, Laspaúles, Llanos del Hospital

Es tiempo blanco, es tiempo de frío. Sabemos, porque ya son muchos años los que estamos en la nieve, que hacemos mucha piña de grupo, que mayores y pequeños nos mezclamos bien y que naturaleza, esquí y convivencia, son asuntos que combinan bien. Así que nos lanzamos a lo que sabemos nos hace pasar un buen rato.

En esta ocasión decidimos cambiar de valle. Dejamos para años venideros el valle del río Aragón y el de Tena, y volvimos a los orígenes, a Benasque, que es donde hace más de veinte años empezamos con esta actividad.

El periplo comenzó el viernes 24 de febrero en Zaragoza. Mateo y Rosana madrugaron para venir desde Teruel. Arnau desde Torrecilla. Fátima, Alex, Jara, Elisa y Pablo formaron el grupo de Zaragoza. En Huesca se subió Shoba, en Barbastro Esther, que venía desde Fraga, y a Campo llegó Eduardo, que esta vez madrugó menos pues venía desde cerca, de Torre de la Ribera. David, Alicia, Luis y Josi terminamos de conformar el grupo.

Paramos en Campo, localidad con solera y río bravo, que guarda en sus calles los serenos juegos que eran protagonistas del ocio antes de que la tele y los dispositivos electrónicos nos robaran tiempo de diversión al aire libre. En Campo nos recibió Fernando, estudioso y entusiasta de las costumbres, que regenta el Museo de los Juegos Tradicionales. Fernando se pegó con nosotros todo el día. Primero con un paseo por las calles para mostrarnos por dónde, a modo de pasacalles, mayores y no tan mayores, se divertían con un juego de Bolos a la aragonesa. Después, a cobijo en el museo, nos enseñó que cuando no hay otra cosa que el ingenio y la propia voz, también se puede divertir uno con canciones y juegos de manos. Una chapa, un cordel, un palillo, un trozo de papel… son elementos valiosos que nuestra imaginación sabrá explorar para retarnos a la vez que nos puede hacer pasar un buen rato en compañía.

Nos despedimos de Fernando con el reloj pisándonos los talones y amenazando a nuestro plan de actividades. Nuestro destino era ya El Run, la pequeña localidad del Valle de Benasque donde nos íbamos a alojar en un albergue en el que nos trataron mucho mejor que bien. Vaya joya de cocinero tienen y qué cuidados los detalles para los huéspedes. Pero antes de instalarnos nos acercamos, casi sin luz, hasta la iglesia románica de Nuestra Señora de Gracia, una perla del Siglo XII a la que , se llega tras un corto y agradable paseo. La noche se nos echó encima pero a pesar de todo pudimos admirar su fachada y comprobar la curvatura de sus arcos. Siempre aprovechamos estas salidas para acercarnos al patrimonio y a la historia del lugar que visitamos, pues no está de más saber de por dónde nos movemos y abrir nuestras mentes a la curiosidad.

Cuando nos instalamos en las habitaciones de literas tocó negociar la posición de cada uno mediante rifas y azares. Organizarse con poco espacio hace imprescindible que cada uno sepa cuál es su equipaje, lo que lleva en la maleta, que reconozca sus pertenencias, que las identifique de entre las de sus compañeros, y sobretodo que se sea ordenado, pues si no, no hay manera. Esta vez así fue, y no queda otra que felicitarnos por haber superado el caos de otros años.

Si ya hemos dicho que la comida era magnífica en el Albergue del Run, pues lo volvemos a decir, se come realmente bien. En el comedor coincidimos con otro grupo y tras la cena la estancia quedó a nuestra disposición. Aprovechamos, como nos gusta hacer por la noches, para revisar la jornada y echar un vistazo a nuestro cuaderno de campo, que es donde tenemos un esbozo de lo que nos ha ocupado el día. Repasar nuestros pasos pone en valor las experiencias vividas y nos sirve para mejorar planes y actitudes.

Por la noche, ya cansados, pensamos en lo que nos espera mañana. Un dormitorio compartido siempre es fuente de sonidos nuevos, sonidos del edificio y sonidos de otro tipo. A pesar de todo dormimos como lirones.

La mañana del sábado amaneció fresca y despejada. La maniobra de salir del saco, desayunar y prepararse para la faena la realizamos con agilidad, como si fuese algo que hiciéramos todos los días antes de ir a esquiar. Nos montamos en las dos furgonetas y recorrimos el trayecto de media hora que nos separaba de los Llanos del Hospital, una magnífica hospedería medieval que daba cobijo a los comerciantes que iban y venían de Francia, ahora reconvertida en unas instalaciones de ensueño en las que descansar después de practicar esquí de fondo bajo los tresmiles de alrededor.

Conocimos a Pep, nuestro monitor de Pirinea Nordic. Pep es de hablar pausado y de instrucciones precisas. Se había preparado muy bien la clase, cada día estuvimos tres horas con él y la verdad es que nos cundió. Nos hizo trabajar destrezas para acostumbrarnos a nuestro calzado de más de ciento cincuenta centímetros. Ejercitamos el equilibrio, la postura, el control de nuestro peso, la coordinación, el miedo a las caídas y a la velocidad. Nos enseñó a levantarnos con eficacia y además hicimos un montón de juegos divertidos de esquí en los que parecía que estábamos en el patio de recreo. Los Llanos disponen de un amplio espacio para que novatos e iniciados, podamos practicar el esquí de fondo con sitio para todos. Tuvimos la suerte de disfrutar de un solazo de impresión, así que no tuvimos ni gota de frío.

Después de tanto rato y tan intenso, nuestro cuerpo reclamaba descanso. Se hizo la hora de comer y en la Hospedería de los Llanos nos derrumbamos sobre las sillas a la espera de bocadillos, pizzas o platos combinados. Una gran comida y un buen rato de descanso. Los tiempos libres nos posibilitan relacionarnos y hablar de nuestras cosas con calma. Para eso, además, teníamos el trayecto hasta Laspaúles.

A unos cuarenta minutos llegamos, por la carretera que da paso a Cataluña, a la localidad de Laspaúles. Allí, se ha habilitado un sendero que cruza un bosque de coníferas, y que nos cuenta la historia de las brujas, mujeres protagonistas de leyendas confundidas, a las que el miedo a lo desconocido por parte de sus vecinos no siempre trató bien. En nuestros días se mezclan cuento, misterio y naturaleza, para hablarnos de sus andanzas. Recorrimos el bosque durante la hora mágica del atardecer, lo que le da un valor añadido. Lo hicimos por parejas. De esta manera equilibramos las posibilidades y trabajamos las relaciones entre todos. Aprovechamos el silencio del bosque para tener un poco de recogimiento y poder escuchar así los sonidos ocultos de la naturaleza. Después hicimos nuestra propia ofrenda con objetos de arcilla a modo de homenaje y para variar, se nos hizo de noche. Fue un descenso divertido donde las risas dejaron claro el buen ambiente que estábamos disfrutando, y es que algún que otro tropezón es motivo de jolgorio.

Llegar al Albergue cansados por la nieve y el paseo por el bosque hizo que la ducha fuese mucho más que una ducha. Apreciar momentos cotidianos como el aseo y el bienestar que eso nos produce tras el cansancio, es algo que ocurre en estos lugares. Así llegamos a la cena, que, como ya dijimos antes, merece comentario y aplauso para el cocinero.

Por la noche, tras el repaso del día, Eduardo nos contó sus particulares aventuras de la mañana, y es que no puede haber persona con mejor humor para encajar los tropezones de la vida.

El domingo vino como el sábado, soleado, fresquito y además con Pep, que se presentó en el Albergue para subir con nosotros en las furgonetas. Al llegar a los Llanos nos encontramos con una competición, La Marcha Plan D’Están, una prueba puntuable para el campeonato de España de Esquí de Fondo en la modalidad de larga distancia. El follón que había liado en el parking y en los alrededores de la estación nos hizo retrasar la hora del Esquí. Aprovechando huecos entre los corredores, pudimos cruzar la carrera hasta llegar a nuestro destino en las pistas. Realizamos más ejercicios sobre las huellas, ejercicios para practicar el descenso con más garantías, porque la idea era la de recorrer una parte del circuito. Y a eso nos dedicamos. Después en las bajadas la cosa se resolvió con unos cuantos revolcones, y es que para la próxima vez vamos a tener que venir más días, porque si no…

¡Hasta el año que viene!

¡Ah!, os ponemos aquí el link al reportaje que hizo David: Ojos Pirenaicos: Esquí y Naturaleza en el Pirineo con los chicos de la ONCE.

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