María Delgado Nadal, medalla de Bronce, 100m espalda, Río 2016

Apenas quedan quince metros de la primera manga, me levanto de la silla. Me da igual el volumen de la televisión, sólo tengo ojos para ver las potentes brazadas de la nadadora de la calle tres. No me fijo en ninguna otra. El realizador nos ofrece una toma a nivel de agua que me confunde, ya no veo el gorro negro de María sobre el que destacan los colores rojo y amarillo. Recorro con la mirada algo que me haga identificarla pero sólo veo agua, salpicaduras y mucha fuerza. Escucho atento la retransmisión nerviosa de los dos comentaristas de Teledeporte que con su tono me están poniendo como una moto.

Las pruebas de velocidad son muy estresantes. Has de moverte a toda máquina desde el primer momento, vaciándote, golpeando al agua con toda la energía que tengas, sacando la mejor técnica aprendida durante los cientos de horas de entrenamiento y guardando un poco de chicha para esos últimos metros del final, sin pinchar, pues te juegas que te pasen por encima. Tienes que estar mirando a ambos lados aprovechando el movimiento rítmico de las brazadas para ver cómo llevas las referencias respecto de los que pelean como tú. Me pregunto por cómo tiene que ser eso si apenas ves. La carrera se transforma en una pelea contra ti mismo. ¿Iré segundo, iré quinto?, ¿por dónde voy?

¡A saco, más madera! Multiplico la energía que imprimo a velocidad de los brazos, a la tensión del abdomen, al pataleo motorizado de las piernas. No hay descanso, apenas tiempo para respirar y sin tragar agua, cualquier cosas menos toser.

Los primeros 50 metros los dobla en primera posición la británica, que participa en otra carrera dueña de un récord del mundo que quiere pulverizar. Escucho que la ucraniana pasa segunda y al momento lo hace María. Por fin en la tele un plano elevado y ya me hago idea de cómo van las cosas. Me tranquilizo pues parece que o segunda o tercera puede asegurar una medalla. Pero la calle seis de la brasileña parece amenazadora. Ella sabe que va detrás y que se le escurre el metal. Tiene la presión de competir en casa y está dándolo todo. Recorta distancias con María que a su vez parece emparejarse con la ucraniana peleando la plata.

No hay descanso. La tercera plaza, la segunda. Ninguna está clara. ¿De dónde se saca tanta energía y tanto coraje? Veinticinco, veinte, quince metros que se antojan eternos. El cuerpo se vive intenso. Cada brazada, cada patada…, duelen. No piensas en los calambres, a esa velocidad no piensas en nada, sólo en el movimiento, rápido, coordinado y si acaso en respirar. No puede quedar mucho. Diez, cinco metros. Alguna señal que le indique por dónde va, los focos del techo, las banderitas que anuncian el final.

Algo le toca la cabeza, ya está. Un par de empujones y… pared. Busca, mira los indicadores. Tres luces, ¡¡¡Bronce!!!, ¡¡¡Medalla!!!, María Delgado tiene medalla. ¡¡¡Dieciocho años, primera participación en unos Juegos y hay medalla!!!

¡Enhorabuena!

MARÍA DELGADO NADAL

Medalla de Bronce y Récord de España, 100m espalda

Río 2016

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Deportes, Experiencias personales, ONCE y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a María Delgado Nadal, medalla de Bronce, 100m espalda, Río 2016

  1. RIA dijo:

    buen día para la natación española….. Un gran arrechuchón, María…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s