Esquí de Fondo 2016, Canfranc-Somport

El parte de la Meteo decía algo tan entrañable como “ciclogénesis explosiva”. Manda narices que todo el invierno de secano con temperaturas de primavera y sin nieve en el Pirineo (de hecho, la estación de Somport estaba cerrada por falta de nieve hace una semana), y tiene que llegar nuestro día y caer la mundial.

Las alarmas sonaron por todas partes, retrasar la actividad a la espera de buen tiempo era imposible, las posibilidades de alojamiento eran nulas para otras fechas… ¿Qué hacer? Pues nada, nos confabulamos y tras liarnos la manta a la cabeza pusimos rumbo al Pirineo.

Esta vez hemos ido pocos. Unos, los fijos de otras ocasiones, han crecido y ya metidos en las exigencias de cursos superiores se ven con otras responsabilidades. Y los pequeños, todavía son demasiado pequeños. Además, el clima del invierno en la montaña no es ninguna tontería y hay que saber estar por encima de las incomodidades y con las inclemencias para poder apreciar y disfrutar de un entorno tan rico como mágico que es el Pirineo.

Dos furgonetas nos llevaron a Mateo, Blanca, Moisés, Fátima, Winsdom, Shobha, Eduardo, Alicia, David y Luis a disfrutar de las cosas de la nieve y sus alrededores. Este año hemos elegido el Valle del Río Aragón, el que nace en la cabecera del Valle de Astún, se recoge en Candanchú para llegar a Canfranc y desde allí cambiar de aires al llegar a Jaca.

Salimos el viernes 26 con el permiso de nuestros colegios e institutos para poder pasar un día de clase en plena naturaleza. Recogimos a Shobha en Huesca, a Eduardo en Sabiñánigo y aparcamos en Villanúa. Allí conocimos a Diego, que se sumó al grupo para divertirse como nosotros. Winsdom nos contó la leyenda de Pirene, la que dice de dónde han salido estas montañas. Mateo habló del pinar. Moisés, siempre al quite de lo que se cuece, comentaba las explicaciones de David. Shobha se volvió minimonitora, Fátima era todo oídos y Blanca nos demostró en cuestión de deportes no tiene rival.

David y Diego prepararon un recorrido naturalista por El Juncaral, un espacio magnífico natural para conocer de primera mano un ecosistema de ribera. El recorrido amenizado por las idas y venidas de Yosi, nuestro perro, estuvo genial. La lluvia y la amenaza de nevada estaban agazapadas en otro lugar, así que disfrutamos de lo lindo.

La tarde la empezamos en Villanúa con un paseo por sus calles hasta adentrarnos por el Camino de Santiago y dar con La Cueva de las Güixas, un lugar magnífico y muy cuidado donde pudimos apreciar la inmensa fuerza del agua. El recorrido a través de sus galerías nos enseñó grutas, lechos de río, formaciones rocosas, estalactitas en el techo, estalagmitas en el piso, leyendas de brujas… y la paciencia de David (glups) para explicárnoslo.

El día, para ser el primero, empezaba a dar muestras de cansancio, así que decidimos ir rápidamente a la tienda del alquiler de los esquís para llegar cuanto antes al Albergue juvenil de Canfranc. Almudena y José Luis nos recibieron con los brazos abiertos, ¡qué gente tan maja! Nos instalamos en dos habitaciones de literas. Alicia y Luis se empeñaron en que no esparciásemos todas las cosas por las habitaciones, vaya manía les entró. Y por fin tuvimos un rato de descanso antes de la cena, por cierto muy rica, vaya pedazo de canelones.

El día sin tregua empezaba a pesar sobre nuestros párpados y el cuerpo nos pedía dormir. Tras recordar los rastros de los animales del bosque y dar un repaso al material de esquí que acabábamos de alquilar, nos fuimos al saco. Nuestra idea era la de montar un poco de follón, vaya, así como quien no quiere la cosa, pero nos habíamos cansado demasiado y nos quedamos fritos enseguida. Al otro lado de la ventana el tiempo seguía apacible.

El sábado 27, cuando sonó el despertador, las cosas habían cambiado. Un tiempo perruno se había apoderado durante la noche de las calles de Canfranc. No paraba de nevar. La nieve se acumulaba hasta alcanzar los treinta centímetros en la puerta del Albergue y todo parecía indicar que iba a ser complicado llegar a las pistas del circuito de fondo del Somport. Llamamos a Íñigo, nuestro monitor de esquí, y decimos que esquiar por las calles de Canfranc y las pistas que lo rodean, era una oportunidad que no podíamos dejar pasar. Y eso hicimos. Nos calzamos los esquís y salimos a la calle. En los tejados la nieve se acumulaba sin compasión y cada poco caían buenos montones sobre la calzada. Teníamos que tener cuidado de que no aterrizaran sobre nuestras cabezas.

Nos adentramos en uno de los pinares que rodean al pueblo. Al no tener la huella marcada, nos costaba más de la cuenta el esfuerzo de avanzar. Además el tiempo era realmente malo. Pero pudimos llegar al frontón y echar unos penaltis con Winsdom que se propuso como portero. Levantamos un enorme muñeco de nieve y regresamos al albergue con las manos heladas, lo de tirar bolas de nieve tiene esas cosas, que te quedas pajarito. Subir sin la huella marcada tiene su miga, ¿verdad?, pues de la bajada no te lo puedo explicar. Vaya colección de culetadas nos dimos, ¿verdad Eduardo? Llegamos hechos polvo pero contentos, y más cansados que si hubiéramos estado en el Somport. Ahora era el momento de poner todo a secar si queríamos salir por la tarde. La calefacción del Albergue iba a todo trapo, así que más o menos guantes y ropas se secaron durante el rato que quedaba de mañana. Después de la comida tuvimos tiempo para dedicarnos a nuestras cosas, unos cuantos nos echamos una buena siesta. Y llegó el rato de salir a dar una vuelta.

Dejaba de nevar y queríamos ver la fantástica Estación Internacional del Canfranc. Desde hace muchos años está en desuso. Ahora parece que soplan vientos de querer restaurarla y, además,  el lado francés habla de arreglar la vía que tienen rota. Pero la realidad es que está hecha una ruina y vallada, una pena. Pero sigue siendo majestuosa y para demostrarlo, al atardecer y por la noche, llevan a cabo un espectáculo superbonito de luz y sonido que nos cuenta la historia del ferrocarril en Canfranc. Una voz relata con emoción los acontecimientos más señalados de su vida mientras que una proyección de luces de colores nos mantiene embobados a los que estamos escuchando.

Una vez terminada la visita, le regalamos a Blanca otra visita, la de la pista de Hockey del pueblo de Canfranc. Allí nos dejaron ver los sticks, patines, cascos y las protecciones de los jugadores, y hasta le regalaron a Blanca un Puk o pastilla que es el “balón” con el que hay que hacer gol. Blanca no cabía en su gozo. Después nos fuimos a A Lurte, el Centro de Interpretación de la nieve y de las avalanchas donde pudimos aprender cómo se protege un pueblo de las posibles avalanchas que pudieran caer sobre sus casas. También vimos una película en 3D sobre lo que hay que evitar si vas de excursión.

Ya de noche, regresamos al albergue a por la rica cena que nos habían preparado José Luis y Almudena. Nos aseguramos de que teníamos la ropa seca y repasamos el día para ver qué habíamos hecho. Después vimos un video de nuestras actividades del viernes y nos reímos mucho con las ocurrencias que habíamos tenido. Por cierto, Eduardo es un “cantaor” como la copa  de un pino, ¡vaya voz tiene el chaval!

El domingo 28 vino con tregua en el temporal. La noche había sido tranquila y pudimos sacar las furgonetas para ir al Circuito de Esquí de Fondo del Somport. Allí las cosas del esquí se nos dieron muuuuucho mejor que el día anterior. Tener huella por la que hacer deslizar los esquís es una gran ventaja. En un rato recordamos las enseñanzas de años anteriores y recuperamos sensaciones. Así que nos lanzamos a por el recorrido amarillo que tiene un par de bajadas que, uf, hay que tomarse con filosofía. Superamos nuestros miedos y esos vértigos que provocan la velocidad y el no saber muy bien por dónde vamos y disfrutamos de un lugar tan fabulosos como es el hayedo de Somport. Los árboles blancos, que no hubiera demasiada gente, una temperatura soportable mientras estamos en movimiento y las risas que hacemos unos con otros y… llegó la hora de recoger.

Otro año volveremos a estas montañas y viviremos lo que nos brinda la naturaleza y seguiremos teniendo experiencias para comprender mejor este mundo que nos rodea y nos conoceremos mejor a nosotros mismos en compañía de nuestros amigos.

Así que, !hasta el año que viene!

Gracias por todo a David, de Ojos Pirenaicos, por hacer tan bien su trabajo con nosotros; a Íñigo, de Pirinea Nordic, por hacernos sentir capaces de esquiar con seguridad; a Almudena y José Luis, del Albergue Juvenil de Canfranc, por acogernos tan bien y tener una comida tan rica.

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