Orígenes, Solares y Trenes

Javier Ordóñez Martín

Hola amigos, escribo esta columna con un fuerte dolor de cabeza que atenaza mis sienes, así que tal vez mis palabras sólo sean el reflejo de los fármacos y las alucinaciones que siento en este momento. La cosa es que el pasado viernes 22 de marzo visitamos la ciudad de Calatayud en uno de esos viajecitos de Isabel Gómez, y si no recuerdo mal todo comenzó en la estación de trenes…

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El reloj de la entrada marcaba las ocho treinta de la mañana cuando llegué, por lo que disponía casi de una hora de tiempo para dedicarla absolutamente a nada antes de que llegasen mis compañeros de viaje. Aquello me brindó la oportunidad de deambular un rato por la desangelada estación, entrar por error en un par de baños recién fregados, revisar todas las cabinas telefónicas en busca de monedas y poner de mala leche al camarero del Lizarrán cuando pagué mi café con un billete de cincuenta euros. Poco después me fui aburrido a una sala de espera y dormité junto a un hombre con dos zapatos izquierdos en sus pies. Una hora más tarde llegaron por fin los demás. Tras los afectuosos saludos de rigor, tomamos un tren en dirección a la citada Calatayud cuyo trayecto apenas duró veinte miserables minutos, insuficientes para disfrutar de mi cómodo asiento en preferente.

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Al llegar a nuestro destino nos dirigimos en fila india al encuentro de la guía turística, un hecho que a mí siempre me recuerda a esas mamás patos que cruzan las carreteras con sus ruidosos patitos detrás. Supongo que debía ser especialmente enternecedor vernos en los pasos de cebra, imaginadlo… Bueno, el caso es que en Calatayud el tiempo era magnífico y nos pusimos en marcha con la guía turística. Visitamos una interesante colegiata que siempre quiso ser catedral, un pequeño claustro convertido en museo diocesano, una antigua iglesia y diez o doce solares en obras antes de comer en el famoso restaurante La Dolores. Después café en el patio del mismo, sesión fotográfica al grupo con algún beso incluido, nuevo recorrido a la ciudad evitando las hormigoneras y visita al Museo Municipal en el que pudimos ver y por supuesto tocar nuestros orígenes en forma de murallas y columnas jónicas, dóricas y las otras no me acuerdo. En fin, reconozco que pasé un gran día cargado de anécdotas, cultura y por qué no, de emociones. Sí, tal vez me tildéis de cursi o sentimental, pero en estos viajecitos de Isabel Gómez me “enamoro” un poco más de cada uno de mis amigos, de mis compañeros, y todo sin dar un paso, sin poder remediarlo.

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Una respuesta a Orígenes, Solares y Trenes

  1. maria trinidad dijo:

    Estoy de acuerdo demaracha martillo , la guia se espayo barbaridad se notaba que tenia ganas de contarlo todo y bien, en realidad las iglesia s que vimos tienen mucha historia y bueno toda la ciuadad, el museo municipal muy interesante la imagen de la manada de patos me parece dulsicima.

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