Escuelas viajeras.

¡He conducido el AVE!

Los niños del CRA Baja Ribagorza tuvieron la oportunidad de disfrutar de una estupenda experiencia con las Escuela Viajeras que se organizan cada año en toda España. Eduardo participó con sus compañeros y compañeras en la ruta de Extremadura y nos va a contar algunas de las cosas que más le llamaron la atención:

“Salimos desde Huesca en el AVE hasta Madrid y desde allí cogimos un autobús hasta Cáceres. Por la noche llegamos a la residencia donde dormíamos, que era donde había estudiado el director de mi colegio. A mí me tocó en la habitación con Ginel que es mi mejor amigo, y con Raúl que es otro niño de mi CRA. Además, en la residencia había dos colegios más, uno de Palencia y otro de Navarra. En ese momento no los conocía pero al final me hice amigo de todos, especialmente de Jesús que era de Palencia aunque había nacido en Ecuador.

¡No sabes la de cosas que hicimos!

Estuvimos en el parque nacional de Monfragüe. Vimos alimoches que hacían un ruido que no había oído nunca y muchos más animales. Tenía un castillo en lo más alto y tuve que andar ¡diez kilómetros! para llegar hasta allí. Subí a lo alto de la torre y Carmen, mi maestra, casi no me podía seguir porque yo trepaba con las manos y los pies. Por la tarde, en Trujillo también había otro castillo con una torre que tenía muchísimas almenas.

Estuvimos en Mérida visitando su museo romano, el anfiteatro y el teatro romano y allí les conté un chiste subido al escenario.

Además fuimos a la asamblea de Extremadura y me senté en el sillón del presidente.

En Cáceres nos hizo mal tiempo porque llovía pero visitamos el museo y los aljibes donde antes almacenaban agua porque no tenían grifos como ahora. En un pueblo que se llama El Casar visitamos una fábrica de quesos. Resulta que no me gustaba el olor de la fábrica pero me encantó el queso que me dieron para probar, así que compré uno para mi abuela.

También vimos el puente romano de Alcántara que me recordó al puente que tenemos cerca del cole y después nos fuimos a comer a un restaurante de cuatro estrellas que antes era una fábrica de harina. Nos contaron que el dueño se había quedado sordo de tanto ruido que hacían las máquinas.

El Monasterio de Guadalupe era inmenso y hacía mucho eco por dentro.

El último día intercambiamos regalos e hicimos una fiesta para despedirnos de los amigos que habíamos hecho.

Lo que más me ha gustado de todo el viaje es que me dejaron conducir el AVE hasta la “topera” en la estación de Atocha de Madrid. Paco me enseñó la cabina que estaba llena de mandos y me dejó pitar por la estación. Paco es el conductor del AVE y, si lee este blog, le mando muchos saludos.”

Eduardo Bertolín

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Una respuesta a Escuelas viajeras.

  1. galleta de chocolate dijo:

    Eduardo, qué bonito viaje y qué bien lo has contado todo. Espero que sigas conociendo sitios nuevos.

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